Mi compadre Raúl, gnóstico de pura cepa,
está muy sumergido en Samael Aun Weor.
Ya saben: magia sexual y todo eso.
La otra vez me estuvo hablando no poco de él,
que nació en Colombia, cosa que yo no sabía,
y también que escribió unos setenta libros,
y otras singularidades de su biografía.
Estábamos en la salita de mi casa,
así platicando mientras la luz iba
cediendo y obedeciendo a la noche.
Nos quedamos conversando hasta ya muy tarde:
del Cristo interno, del kundalini, de la rosa ígnea,
del tantra, de la teúrgia y del mantra, de la
cábala,
de los mayas, del Pistis Sophia, de la Era de
Acuario...
Al despedirse, ya en la puerta del ascensor, me
clavó
una mirada entre serena y raticida, y proclamó,
iniciático:
«¡Sobre todo no derrames el semen! ¡No derrames el semen!»
¿Qué se
le contesta a alguien que te dice eso, y a esas horas?
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