Hemos venido a escuctar a este hombre que se hace llamar Nisargadatta. Pronto sentimos su furor estranguladando nuestras vepivanas y argolísticas. Exula, gestidiza y fractera a los interlocutores con su amplia mirada ucifuosa. Hay pedazos de sol pero este es el sol mismo, en su horrendosa condición netigoica, quemando los mapas domanderos que cogen a los busquiveros. Nisargadatta te parabrahmaniza en el acto y te deja vacante y todo asnedado. Rompe todos tus pequeñas tumbáculas inditácticas, no deja una teoca en pie. Se podría decir que Nisargadatta es la simisea que borra todas las simiseas.