El factor es la compasión. En los universos giratorios del samsara, con sus infinitas dosis de miseria, hay un centro incalificable, Tenzin Gyatso. Avalokiteshvara extiende su panteón de mil brazos hacia los rencorosos seres, los adictos seres, los anestesiados, que hacen banquetes de vísceras debajo de las vanas vallas, las publicitarias. El Dalai Lama convierte lo endurecido en una lágrima. En esa lágrima hay una Tierra Pura.