Hoy pongo fin a HALO, mi proyecto de mentoría espiritual, luego de varios años de tenerlo abierto.
Lo cual no deja de ser emotivo: HALO es sin duda lo más importante que he hecho –y sin duda lo más importante que haré– en esta presente encarnación.
Por los desaciertos, y tantos desatinos, asumo plena responsabilidad. Admito también que no se puede triunfar con cada cual, y no se puede ganar en cada caso, por mucho que uno quiera. Cuando se cumplió con lo buscado fue sobre todo gracias a quieren abrieron intrépidamente su ser al proceso, y pusieron su corazón en mis manos, en un gesto de intimidad que nunca dejará de conmoverme. Quiero establecer aquí lo mucho que los amo, lo mucho que siempre los amaré.
Dije antes que HALO es lo más importante que he hecho en vida. ¿Lo hice yo realmente, sin embargo? Más que iniciar yo HALO, fue HALO quien me inició a mí. Más que iniciar yo HALO, lo que pasó es que fui por HALO, misteriosamente, iniciado. HALO se erigió como un contenedor de colosales energías transpersonales que tocaron y transformaron a muchos, empezando conmigo, el paciente cero. Cuánta luz, Dios mío. Cuánta radiación. Gracias a HALO fui testigo de cosas benignas, numinosas e innombrables, cosas ante las cuales lo apropiado es, me parece, callar. De todos modos relatarlas me tomaría cien libros.
El crédito sigue siendo del Espíritu, quien dio nacimiento a HALO, y ahora le da fin. No tengo voto en ello: simplemente obedezco. Y aguardo mi nueva misión, porque eso es lo que hacemos los soldados.